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¿Cómo fue el fallecimiento del Lic. Eduardo Ruíz?, el testimonio epistolar de Francisco Camorlinga, nos lo explica*

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* A raíz de la muerte de su compadre, Camorlinga envió una carta a su hija Josefina, quien en ese tiempo vivía en la ciudad de Morelia.

*** Don Eduardo Ruiz, falleció el domingo 16 de noviembre de 1902.

Uruapan, Nbe. 18 / 1902.
Señorita Josefina Ruiz
Apreciable y fina comadre:

No se cómo empezar esta carta, pues estoy tan trastornado que no se ni lo que pienso ni lo que hago, empezaré pues por decirle a usted que de acuerdo con el señor Lic. Equihua, nos valimos del señor Gobernador Aristeo Mercado (1) para que el suplicara al señor don Manuel Mercado pasase a la casa de usted a manifestarle que mi compadre se había puesto malo y grave porque no tuvimos el valor de decírselo a usted por telégrafo, hemos estado esperando el resultado y nomas me dijo el señor Mercado que don Manuel había estado con usted a cumplir el encargo y que a nada se resolvía usted, esto nos ha tenido a todos inquietos por que no sabemos si usted estará enferma o no sabemos que habrá pasado pues extrañamos que habiendo tenido la noticia del fatal acontecimiento no ha dirigido usted ningún mensaje a ninguna persona de aquí de Uruapan, lo que sin duda no ha hecho usted por que no ha recibido de aquí mensajes, pero no los ha recibido usted porque todos ignoramos si ya le habrán dado la noticia del desenlace de la enfermedad de mi compadre y temerosos de que si usted no lo sabía íbamos a cometer una barbaridad con darle a usted la noticia por telégrafo, todavía hoy dirigimos un mensaje a la señora Teresa A. de Cusi, firmado por don Dante (2) suplicándole se informara sí ya el señor Manuel Mercado le habría dado la noticia y no tenemos ninguna contestación y no pudiendo yo pasar más tiempo sin escribirle, me resolví a poner esta carta a Morelia para que si usted ya tiene conocimiento de tan terrible acontecimiento, la entregué y si no la conserve en su poder, paso a darle una relación de lo acontecido.
Al llegar aquí su papá lo recibí en la estación como de costumbre y lo acompañé hasta la Quinta (3), al siguiente día volví a verlo y le dije con toda franqueza me dedicara los días más desocupados para comer con nosotros, y me dijo: por lo pronto el domingo me voy a comer con usted. Invité al señor Equihua y Cardona para que nos acompañaran y estuviéramos muy contentos, tanto que nos invitó su papá que nos fuéramos a comer con él al rancho al día siguiente; estuvimos de sobremesa hasta las dos y media y luego se paró y nos dijo: “ya me voy, ya llegó Melquíades con el caballo”. Le supliqué que estuviera otro rato y me dijo que tenía que arreglar algo que faltaba para el paseo del siguiente día.
Salimos a acompañarlo hasta el portón y vi que el caballo que había pedido era el nuevo que le habían regalado (4) y le dije: “compadre no se preste a ir en ese caballo porque está muy nuevo y no lo creo a propósito para usted, que ensillen el mío que es muy manso y en él va usted perfectamente”. Y me dice: “No compadre éste también es manso, ayer fui al rancho con él. Y le dije: “No obstante de eso, en mi concepto hace usted mal en montarlo porque no creo sea tan manso como usted lo necesita, y le ruego no se vaya en él. Me contesta: “Es tan manso que mire usted” Y que se monta, pero como el caballo es muy alto, no alcanzó a sentarse en la silla y cayó en la anca, con esto el caballo no acostumbrado a eso, pegó unos respingos y lo despidió, cayendo en las piedras. Inmediatamente corrimos a levantarlo y cual sería nuestro susto al encontrarlo desmayado, enseguida mandé corriendo por el primer doctor que hubiera y trajeron a Pérez (5), para esto ya lo habíamos entrado a la casa y lo acostamos. Como a los cinco minutos volvió de su desmayo, algo trastornado pues no sabía dónde estaba ni que le había pasado, empezó a componerse poco a poco y luego me dijo: “Compadre, dónde está mi hija Josefina” “Pues está en la casa”, le contesté. Aquí tiene usted al doctor Pérez que le va a curar una pequeña descalabrada que le dio el caballo. ¿Pues qué estoy herido, qué me ha pasado, dígame usted? Ya le referí lo que había pasado y me dijo: “Tengo muchas ganas de deponer” “Pues hágalo usted”, le dije. Y que depone mucho. Y me dice el doctor, esto es bueno, pues así arroja toda la bilis, está muy asustado. Le llamé la atención de sí no sería de consecuencia de la caída, y me dijo que no estaba ningún síntoma alarmante. A las cuatro y media de la tarde, me pidió su papá a don Bibiano para que lo llevara a la Quinta y le dije que se quedara en casa, que estábamos más cerca del médico y de las medicinas, pero insistió y tuve que llamar a don Bibiano, quien trajo peones y lo llevamos, acompañados del señor Equihua. A las seis de la tarde pidió otra vez al médico y llamé a Pérez, quien le cambió la medicina y se aquietó algo, pues antes se quejaba de que le dolía mucho la cabeza, llamé de nuevo la atención del médico sobre sí no había alguna complicación, y me dijo que parecía que no. Viendo esto, nos encargó que sí lo veíamos grave le avisáramos a usted para que viniera, lo que ofrecimos cumplir en caso necesario, pero dijo el doctor que él no temía hubiese peligro. Viéndolo pues muy mejorado, le dijimos que vendríamos a dar una vuelta y que yo tenía que llevar a las chicas (niñas) a la distribución de premios, recomendamos a don Bibiano nos avisara si algo ocurría en la noche. Llegué pues a la casa, se arreglaron y nos fuimos a la casa de la Profesora donde era la distribución, habiendo encargado en casa que sí me buscaban de la Quinta los mandaran a donde estaba. Apenas me había sentado cuando llegó un niño diciéndome: señor sí usted quiere ver por último al Sr. Lic. acuda luego, luego, pues se está muriendo. Esto me sorprendió pues nunca esperaba yo semejante cosa, entonces mandé a la familia a la casa y me fui corriendo a la Quinta. Ya encontré ahí al doctor y a Treviño, conferenciaron y me dijeron que no había remedio que iban a correr la última lucha poniendo unas inyecciones y baños calientes, pero él no daba ninguna esperanza. Entonces el padre Bustamante (6) y el Sr. Cura lo exhortaron y le pusieron los Santos óleos y a las diez de la noche expiró, dejándonos a todos inconsolables.
Como todo esto pasó en la tarde del domingo (7) que no hay servicio de telégrafo, no pudimos avisar a usted y sin embargo ocurrimos a Don Aristeo haber sí él conseguía algún mensaje diciendo a usted la gravedad, haber sí venía de alguna manera, pero nos dijo por teléfono que no se podía.
Nos quedamos a velar Equihua, Luis Valencia (8), Cardona y yo toda la noche y otras muchas personas estuvieron hasta la media noche. Al día siguiente de acuerdo con Equihua, arreglé todo, resolviendo poner unas esquelas solo para aquí a nombre de usted de las cuales le adjunto una, y no hicimos más para que usted hiciera las que crea más conveniente.
El lunes (9) a las 5 de la tarde lo sepultamos, se cerró todo el comercio y todo el mundo nos acompañó al Panteón (10), varias personas tomaron la palabra y quedó sepultado en la misma fosa de la mamá de usted, habiendo quedado allí mismo los restos de ella en una cajita.
Sírvase no enseñar esta carta a nadie, pues esta malhecha pero quise decirle todo lo que pasó y repetirle lo que le he dicho, que en nosotros tiene dos hermanos que están con el corazón destrozado y considerando a usted que estará muriendo de dolor, pero debe usted pedir resignación a Dios para soportar tan irreparable pérdida. María y yo estamos a sus órdenes para todo y espero que seguirá nuestra amistad como siempre. Pronto nos veremos Comadre.

Francisco Camorlinga.

Citas:
1 Gobernador Constitucional del Estado de Michoacán desde el año de 1892. Desempeñó ese cargo cuatro periodos consecutivos, en el porfiriato, hasta el 18 de mayo de 1911.
2 Unos de los más prominentes hacendados, de origen italiano. Fundador de las Haciendas de Lombardia y Nueva Italia. Fue favorecido durante el porfiriato en materia de inversión extranjera.
3 Se refiere a la Quinta Ruíz (entonces propiedad de don Eduardo Ruíz), hoy Parque Nacional “Barranca del Cupatitzio”.
4 Al parecer fue un obsequio de su compadre, el gobernador del Estado de México, José Vicente Villada.
5 Eutimio Pérez, primer director del antiguo Hospital Civil “Mariano Jiménez”, hoy Hospital Civil “J. Jesús Silva”. Padre del famoso bohemio Pimo Pérez, tan popular en la época de los años 20´s y 30´s. del siglo pasado.
6 El padre Bustamante, fue uno de los sacerdotes más queridos por el pueblo de Uruapan, falleció en la época postrevolucionaria.
7 Domingo 16 de noviembre de 1902.
8 Luis Gonzaga Valencia, primer concesionario de los Tranvías Urbanos de Uruapan, joven empresario, vecino de la antigua Calle Real, hoy Independencia. Los tranvillitas funcionaron de 1900 hasta 1929 aproximadamente. Tío Gela Valencia (le gustaba escribir en medios locales y llegó a participar en obras de teatro), una persona muy estimada hace todavía algunas décadas.
9 Lunes 17 de noviembre de 1902.
10 Cementerio de la Prefectura, establecido en a finales de los años 90´s del siglo XIX. hoy Panteón Municipal Barrio de “San Juan Evangelista”.

* Copia de la carta facilitada por el maestro Pavel Hernández, autor de «Eduardo Ruiz, su obra y su tiempo». Tesis de licenciatura en Historia, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1987.

Selección de Texto y notas: Sergio Ramos Chávez, Cronista de la Ciudad de Uruapan.

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