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¿El Estado nos cuida?

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Blanca Elena Gutiérrez

El discurso oficial es impecable: México lidera en la ONU la agenda de las “sociedades de cuidado” y eleva a rango constitucional el derecho a ser cuidado, bueno, casi. Sin embargo, tras participar directamente en la XVI Conferencia Regional sobre la Mujer (CEPAL, CDMX) y en el reciente 70° periodo de sesiones de la CSW en Nueva York, desde la Asociación Nacional Cívica Femenina hemos constatado que la realidad presupuestaria en México es menos romántica que la diplomática. Lo que el Gobierno presenta como vanguardia es, en los hechos, un ejercicio de maquillaje contable y un repliegue ante la sociedad civil.

El engaño del Anexo 31: Re – etiquetando el bienestar El flamante “Anexo 31” del Presupuesto 2026 dice consolidar el Sistema Nacional de Cuidados. Pero los datos no mienten: el 97.7% de ese monto son programas de transferencias monetarias preexistentes, como la Beca Rita Cetina o las Pensiones para el Bienestar.

Reclasificar el dinero en efectivo como “cuidado” es una simulación. Estos programas carecen de indicadores que midan la reducción de la carga de trabajo en el hogar; de hecho, la Beca Rita Cetina —que representa el 27.6% del presupuesto del anexo— mide escolarización, no cuidados. Mientras tanto, la inversión en infraestructura real (estancias, comedores o lavanderías públicas) es un raquítico 2.23%. No nos están cuidando; están financiando su narrativa política.

La exclusión de la sociedad civil y el modelo de gobernanza. El sistema se construye en un peligroso aislamiento como lo ha venido haciendo. El Gobierno Federal se cierra a la colaboración con la sociedad civil, ignorando que el 85% de los alojamientos de asistencia social en el país son privados. Instituciones de fe y organizaciones civiles absorben hoy el trabajo que el Estado es incapaz de operar.

Frente a este centralismo, existen alternativas. Actualmente, estamos trabajando de la mano con el Municipio de Querétaro en un modelo de sistema de cuidados con un enfoque de gobernanza, de responsabilidad que sume el trabajo en territorio y la sistematización gubernamental. A diferencia del modelo federal, esta visión local entiende que el Estado no puede —ni debe— hacerlo solo: se requiere una red donde la sociedad civil organizada sea un pilar estratégico, no un enemigo a vencer.La “desfamiliarización” como arma política Finalmente, hay un trasfondo ideológico preocupante. El concepto de “desfamiliarizar” los cuidados se ha introducido para romper el vínculo entre familia e instituciones sociales y públicas. Es una ironía punzante: el gobierno busca desmantelar la narrativa de la familia como núcleo de cuidado justo cuando más depende de ella (y de las redes comunitarias) para cubrir sus propias carencias presupuestarias y operativas.

¿El Estado me cuida? Actualmente, no. Administra crisis con transferencias directas a través de los programas del bienestar mientras en los foros internacionales presume un liderazgo de papel que en el hecho no cuida a las mujeres, las familias y las comunidades.

Si el Sistema Nacional de Cuidados no transita hacia una gobernanza real que incluya a la sociedad civil y a los modelos locales que ya funcionan, seguirá siendo lo que es hoy: mucha retórica, contabilidad creativa y las mismas mujeres cargando al país sobre sus hombros

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